LA AMIGA: ¿Pero se la chupaste?
ELLA: Fue más que eso, me cogió la boca.
LA AMIGA: Jaja, sos putita.
ELLA: Con él, la más.
LA AMIGA: Contame.
ELLA: Me acostó en la cama y empezó a tocarme por encima de la bombacha. Le dije que estaba menstruando mucho y que no quería coger así
LA AMIGA: ¿No te gusta cuando estas menstruando?
ELLA: Si, me siento mucho más caliente pero ya habíamos estado a la tarde y habíamos manchado toda la sábana.
LA AMIGA: Entonces se la chupaste.
ELLA: Primero me pajeo hasta que acabé. Yo estaba acostada y el de rodillas sobre la cama y me puso la pija en boca. Yo pensaba, dame tu pija. Mientras me masturbaba tocándome apenas el clítoris me pidió que sacara mi mano y abriera la boca, mientras, no me dejaba de tocar y yo estaba prendida fuego.
LA AMIGA: Sos la más puta.
ELLA: Y no sabes cómo me gusta. Me dijo, abrí la boca, pero todo dulce, y me fue dando su pija de a poquito. Casi se la muerdo. Estaba tan ansiosa y él sólo me metía la cabeza. Todo de a poco, suave, acariciándome la boca por dentro, y cada vez me la metía más, un poquito más y con la mano me masturbaba. Así hasta que acabé.
Después yo le agarre la pija pero él quería seguir teniendo el control, así que deje mi mano pegada a mis labios y le apretaba bien la pija que estaba durísima. La cabeza me estallaba cada vez que me la tragaba toda, aparte me encanta su cuerpo, y así, desde donde estaba, lo veía a él, sus abdominales, es tan hermoso
LA AMIGA: Yo lo conozco, sabes?
ELLA: Es hermoso, no sabes como me coje. Me cogió como si yo estuviera en cuatro, pero con una dulzura, en la boca. La segunda vez acabé sin que me tocara, sólo de sentirlo cogerme la boca de ese modo, salvaje pero dulce, todo placer y de fondo sonaba un tema de The Verbe, soy la más puta lo sé, atragantándome de pija hasta morir, pero como me gusta, él, no cualquiera, su pija, hermosa.
LA AMIGA: Basta nena, me estás calentando al pedo.
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lunes, 15 de marzo de 2010
domingo, 21 de febrero de 2010
dos horas
Salimos de la presentación del libro de Ernesto y vamos a tomar unas cervezas a un bar que queda cerca. La presentación fue un bodrio y lo único bueno fue que Moni se puso una camisa blanca ajustada y, sentada donde estaba, le podía ver todo el borde el corpiño y parte de las tetas. Antes no había pensado en estar con ella.
Moni se me acerca mientras caminamos, me agarra del brazo y me dice que no le gusta caminar sola. Me mira y se ríe.
Hablamos un rato sobre el libro de Ernesto, que me parece una porquería pero eso no lo digo. Lo que leí me aburrió tanto que no pude seguir leyendo. Llegamos al bar, todo el mundo está distraído y haciéndole comentarios a Ernesto. No termino de entender si son falsos o ignorantes. El libro es malo pero puede que ellos no se den cuenta. Cuando me toca el turno le digo a Ernesto que me gusto el lugar de la presentación, que todo estuvo muy lindo. Me siento lo más lejos que puedo de él y Moni se sienta al lado.
Nos conocemos hace unos meses y ella no evita mostrar que quiere algo conmigo. Hasta hace unas semanas yo salía con otra chica de la facu pero a ella no le importa. Incluso llegó a hacer alguna escenita mientras estaba con Rosa, cosa que Rosa tomo de muy mala manera.
Espera unos 20 minutos y le dije a Moni que me iba. Si quería venir. Le digo al mozo que me traiga dos cervezas en mi camino al baño. Cuando salgo las agarro y salimos del bar sin saludar.
Tomamos un taxi y antes de besarla le acaricio las piernas. Vamos a un telo, pero está lleno. Le pregunto al recepcionista si conoce otro y me dice que en frente, cruzando, un poco a la derecha hay uno.
Caminamos por un pasillo semi oscuro que huele a encierro. Al fondo, a unos 20 metros, hay una puerta de vidrios polarizados que deja ver, más atrás, la recepción del motel, la caja desprolija de las llaves colgada de la pared y adelante esta la recepcionista pintándose las uñas.
Toco un timbre porque no nos presta atención y mientras tanto Moni no para de masajearme la pija por fuera del pantalón mientras me chupa la oreja. La chica sigue pintándose la uña y cuando le parece que quedó perfecta levanta la vista y aprieta el botón para abrirnos. La chicharra me retumba un poco en las tripas. No sé si lo hace a propósito o sin darse cuenta, justo cuando empujo, ella deja de apretar. Hace una cara de insolente fastidio pero no mira hacia donde estamos. Vuelve a apretar el botón, me asusto otra fracción de segundo con la chicharra de mierda esa, empujo y entramos. Moni me suelta. Tengo la pija parada y toda la oreja mojada.
-Buenas noches- digo, mientras me tiro para atrás el pelo mojado sobre la oreja.
-¿Qué necesitan?-
-¿Qué podremos necesitar? digo.
Me mira en silencio.
-¿De qué tipo?-
-¿Qué precios tienen?
-Sólo me quedan dobles comunes, son 45 pesos-
Le doy 50, me devuelve 5 y antes de que le pregunte dónde queda la pieza toma el pincelito del esmalte naranja y sigue con su uña.
-Por esa escalera, al final del pasillo a la derecha, suben hasta el segundo piso, cruzan el patiecito y es la cuarta puerta a la izquierda-
Tardamos unos doce minutos en encontrar la habitación pero desde que abandonamos a la persona más inconforme con su trabajo que habíamos visto en la semana, nos besamos como dos calentones por los pasillos de ese extraño Motel.
Tenía la forma de una colonia de vacaciones que hay en Córdoba, a la que iba de chico. bien sindicalista, con plaza, pileta, patio y zona de juegos.
La habitación no es más que un cubo de 3 por 3 con una ventana que da a un patio. No tiene persiana, sino una cortina rosa y apenas entramos Mónica me pregunta si no se verá todo desde afuera. No creo que se vea, le digo pensando, de afuera se ve todo.
Espero que no le moleste que la haya traído a una pocilga como esta. Las paredes están pintadas de celeste y lo peor, la cama es de cemento, es decir, hay un montículo de cemento, con dos orejitas que sirven de mesita de luz, un colchón pesado y viejo con sábanas gastadas color verde agua. Al lado de la puerta hay un bañito. Moni va hacia la cama y después de dejar la cartera y prender un cigarrillo se va al baño, mientras, yo me quejo de que el ventilador no anda.
Saco una lata de cerveza de la cartera de Moni y está tan fría y ahí hace tanto calor que me dan ganas de tirármela en la cara.
Cuando sale sólo tiene puesto el corpiño y una bombacha negra. Su cuerpo está lleno de lunares grandes. Me hubiese gustado desvestirla pero no importa, por lo menos no salió desnuda.
Tiene los zapatos puestos, los muslos firmes y se para en posición de hembra decidida, en el centro de la habitación, es decir, pegada a la cama. Me levanto y voy hacia ella, meto mi lengua en su boca y me come, me mastica voraz y agresiva hasta lastimarme. La agarro bien fuerte de las nalgas y la levanto hasta mi cuerpo, suelta mi lengua para inspirar con fuerza, aprieto su culo duro y firme de gimnasio y la llevo hasta mi pija. Vuelve a morderme y otra vez más fuerte. La levanto y se prende de mí con sus piernas. Le dejo espacio a sus muslos y pasando mis brazos debajo de su cuerpo la atraigo hacia mí separándole las nalgas. ¡Ay! como voy cogerte, le digo en el oído y ella respira violenta, mordiéndome la oreja.
¡Cogeme!
Dice y me muerde. Me dan ganas de pegarle una cachetada pero no sé como va a tomarlo. La bajo de mi cuerpo y la pongo de espaldas a la pared. Me saco la remera. Paso mi dedo por su espalda, me saco los pantalones y la apoyo todavía con los calzoncillos puestos. Tiene la cola transpirada y yo el calzón un toque mojado. Le agarro las tetas con desesperación, busco sus pezones y los aprieto. Gime.
Desnudos, de la pared, vamos a la cama, se acuesta en el borde, boca arriba, abre sus piernas y las levanta. Me mira decidida, tiene negras las pupilas, y profundas, veo en sus ojos, su fuerza y su debilidad.
Agarra mi pija y la aprieta y me masturba con violencia antes de metérsela en la boca. Su brutalidad o su torpeza la hacen desconocer absolutamente el arte de mamarla.
-Quiero cogerte- le digo harto del matraqueo y la empujo hacia atrás. Me sonríe pícara y levanta otra vez las piernas invitándome a pasar. Con un poco de saliva en mi mano la acaricio para humedecerla. Después se la meto, apenas la puntita y de un empujón, todo lo demás. Hace una mueca de dolor con su mentón pero disimula o lo disfruta. Salgo y vuelvo a entrar con fuerza. Se aferra de mis piernas mientras la embisto, la cojo una y otra vez y ahora dice que quiere más.
La situación se tiñe de evento deportivo. Hace 40 grados y no paramos de transpirar. Unas gotas mías caen sobre sus tetas hechas, las agarro, se las esparzo por el cuerpo, toma mi mano y aprieta sus tetas, pongo mis dos manos a su servicio y ella amasa sus tetas y también mis manos. Sigue la ronda y el transito acelerado, apoyo mis rodillas contra el borde de la cama y el cemento va cortando despacito la piel de mis piernas. Levanta su cola para pegarse a mí y la ayudo con una mano. La otra esta en su boca y ella la muerde con violencia. Saco mis dedos y meto mi dedo gordo. Con el resto de la mano la tomo del mentón y aprieto su cara. Aprieto su lengua hacia abajo. No quiero lastimarla, quiero hacerle sentir la rigidez. Sonríe con placer malicioso. Seguimos chocando con rudeza, yo contra ella y ella contra mí. Estamos completamente mojados, siento debajo de mis axilas y mi nuca gotas de transpiración rodar.
Entro y salgo de ella con una facilidad total, ella acaba y cuando lo hace hunde sus uñas en mis muslos sin que le importe nada.
-Vamos al baño por favor-, le digo, -démonos una ducha- Cuando se la saco veo mi pija un poco ensangrentada. Me pregunto de quién será la sangre mientras me enjuago en el lavamanos. Mía no es.
El baño es tan chiquito que cuando abrimos la ducha el agua cae sobre el inodoro. Ni hablar de una bañera o siquiera una cortina de baño. Se pone de pie contra la ducha y vuelvo a metérsela sin cuidado. Cogemos y cogemos y el agua fría cae por nuestra espalda. Así como estamos tengo libre acceso a sus pechos y dejo que el movimiento de mi pelvis guíe la caricia de mis manos. Una vez, dos, tres y también más. Creo que no voy a acabar nunca y la verdad no es que me importa. Se está bien debajo del agua, así, sin preocuparme de nada, descargando toda mi energía en ella. Ahora levanta los talones para que la penetre mejor y seguimos así durante un largo rato más. Creo que los dos estamos acalambrados.
-Voy a acabar otra vez- me dice y pienso que tengo que acabar. Que difícil, no tiene sentido, sigo ahí, pero ya estamos cansados, quizás sea lo mejor, acabar, darle, más rápido, más rápido, darle un poco más hasta acabar. Justo antes de hacerlo exhalo la respiración y me doy cuenta que hace al menos diez minutos que estoy en completo silencio. ¿Dónde estaba? Sin decir nada. Saco la pija y acabo en su espalda, está otra vez roja de sangre y creo que es posible que esta vez sea mía. El agua lava rápido la leche de su cuerpo y mientras me voy hacia atrás para apoyarme en el lavamanos la veo temblar de cansancio.
Salgo del baño y me acuesto desnudo sobre la cama. Ella se demora un poco más. Cuando sale estoy fumando un cigarrillo y me pide una seca, le digo que se prenda uno, que agarre de los míos. Se acuesta a mi lado pero no me toca, toco yo entonces su pierna. Fumamos en silencio y tomamos la otra cerveza que ya está tibia. En un rato nos van a venir a golpear la puerta para que nos vayamos. Ella lo sabe y yo también. Cuando apago el cigarrillo tomo su mano y la llevo a mi pija, me acaricia dos veces antes de que se me pare. Luego va sola a chupármela. El segundo polvo es igual, directamente en el baño por el calor. Antes de irnos hay un tercero pero yo no acabo. En la puerta le digo que se tome un taxi, antes de subirse, nos saludamos con un beso pero sin lengua.
Moni se me acerca mientras caminamos, me agarra del brazo y me dice que no le gusta caminar sola. Me mira y se ríe.
Hablamos un rato sobre el libro de Ernesto, que me parece una porquería pero eso no lo digo. Lo que leí me aburrió tanto que no pude seguir leyendo. Llegamos al bar, todo el mundo está distraído y haciéndole comentarios a Ernesto. No termino de entender si son falsos o ignorantes. El libro es malo pero puede que ellos no se den cuenta. Cuando me toca el turno le digo a Ernesto que me gusto el lugar de la presentación, que todo estuvo muy lindo. Me siento lo más lejos que puedo de él y Moni se sienta al lado.
Nos conocemos hace unos meses y ella no evita mostrar que quiere algo conmigo. Hasta hace unas semanas yo salía con otra chica de la facu pero a ella no le importa. Incluso llegó a hacer alguna escenita mientras estaba con Rosa, cosa que Rosa tomo de muy mala manera.
Espera unos 20 minutos y le dije a Moni que me iba. Si quería venir. Le digo al mozo que me traiga dos cervezas en mi camino al baño. Cuando salgo las agarro y salimos del bar sin saludar.
Tomamos un taxi y antes de besarla le acaricio las piernas. Vamos a un telo, pero está lleno. Le pregunto al recepcionista si conoce otro y me dice que en frente, cruzando, un poco a la derecha hay uno.
Caminamos por un pasillo semi oscuro que huele a encierro. Al fondo, a unos 20 metros, hay una puerta de vidrios polarizados que deja ver, más atrás, la recepción del motel, la caja desprolija de las llaves colgada de la pared y adelante esta la recepcionista pintándose las uñas.
Toco un timbre porque no nos presta atención y mientras tanto Moni no para de masajearme la pija por fuera del pantalón mientras me chupa la oreja. La chica sigue pintándose la uña y cuando le parece que quedó perfecta levanta la vista y aprieta el botón para abrirnos. La chicharra me retumba un poco en las tripas. No sé si lo hace a propósito o sin darse cuenta, justo cuando empujo, ella deja de apretar. Hace una cara de insolente fastidio pero no mira hacia donde estamos. Vuelve a apretar el botón, me asusto otra fracción de segundo con la chicharra de mierda esa, empujo y entramos. Moni me suelta. Tengo la pija parada y toda la oreja mojada.
-Buenas noches- digo, mientras me tiro para atrás el pelo mojado sobre la oreja.
-¿Qué necesitan?-
-¿Qué podremos necesitar? digo.
Me mira en silencio.
-¿De qué tipo?-
-¿Qué precios tienen?
-Sólo me quedan dobles comunes, son 45 pesos-
Le doy 50, me devuelve 5 y antes de que le pregunte dónde queda la pieza toma el pincelito del esmalte naranja y sigue con su uña.
-Por esa escalera, al final del pasillo a la derecha, suben hasta el segundo piso, cruzan el patiecito y es la cuarta puerta a la izquierda-
Tardamos unos doce minutos en encontrar la habitación pero desde que abandonamos a la persona más inconforme con su trabajo que habíamos visto en la semana, nos besamos como dos calentones por los pasillos de ese extraño Motel.
Tenía la forma de una colonia de vacaciones que hay en Córdoba, a la que iba de chico. bien sindicalista, con plaza, pileta, patio y zona de juegos.
La habitación no es más que un cubo de 3 por 3 con una ventana que da a un patio. No tiene persiana, sino una cortina rosa y apenas entramos Mónica me pregunta si no se verá todo desde afuera. No creo que se vea, le digo pensando, de afuera se ve todo.
Espero que no le moleste que la haya traído a una pocilga como esta. Las paredes están pintadas de celeste y lo peor, la cama es de cemento, es decir, hay un montículo de cemento, con dos orejitas que sirven de mesita de luz, un colchón pesado y viejo con sábanas gastadas color verde agua. Al lado de la puerta hay un bañito. Moni va hacia la cama y después de dejar la cartera y prender un cigarrillo se va al baño, mientras, yo me quejo de que el ventilador no anda.
Saco una lata de cerveza de la cartera de Moni y está tan fría y ahí hace tanto calor que me dan ganas de tirármela en la cara.
Cuando sale sólo tiene puesto el corpiño y una bombacha negra. Su cuerpo está lleno de lunares grandes. Me hubiese gustado desvestirla pero no importa, por lo menos no salió desnuda.
Tiene los zapatos puestos, los muslos firmes y se para en posición de hembra decidida, en el centro de la habitación, es decir, pegada a la cama. Me levanto y voy hacia ella, meto mi lengua en su boca y me come, me mastica voraz y agresiva hasta lastimarme. La agarro bien fuerte de las nalgas y la levanto hasta mi cuerpo, suelta mi lengua para inspirar con fuerza, aprieto su culo duro y firme de gimnasio y la llevo hasta mi pija. Vuelve a morderme y otra vez más fuerte. La levanto y se prende de mí con sus piernas. Le dejo espacio a sus muslos y pasando mis brazos debajo de su cuerpo la atraigo hacia mí separándole las nalgas. ¡Ay! como voy cogerte, le digo en el oído y ella respira violenta, mordiéndome la oreja.
¡Cogeme!
Dice y me muerde. Me dan ganas de pegarle una cachetada pero no sé como va a tomarlo. La bajo de mi cuerpo y la pongo de espaldas a la pared. Me saco la remera. Paso mi dedo por su espalda, me saco los pantalones y la apoyo todavía con los calzoncillos puestos. Tiene la cola transpirada y yo el calzón un toque mojado. Le agarro las tetas con desesperación, busco sus pezones y los aprieto. Gime.
Desnudos, de la pared, vamos a la cama, se acuesta en el borde, boca arriba, abre sus piernas y las levanta. Me mira decidida, tiene negras las pupilas, y profundas, veo en sus ojos, su fuerza y su debilidad.
Agarra mi pija y la aprieta y me masturba con violencia antes de metérsela en la boca. Su brutalidad o su torpeza la hacen desconocer absolutamente el arte de mamarla.
-Quiero cogerte- le digo harto del matraqueo y la empujo hacia atrás. Me sonríe pícara y levanta otra vez las piernas invitándome a pasar. Con un poco de saliva en mi mano la acaricio para humedecerla. Después se la meto, apenas la puntita y de un empujón, todo lo demás. Hace una mueca de dolor con su mentón pero disimula o lo disfruta. Salgo y vuelvo a entrar con fuerza. Se aferra de mis piernas mientras la embisto, la cojo una y otra vez y ahora dice que quiere más.
La situación se tiñe de evento deportivo. Hace 40 grados y no paramos de transpirar. Unas gotas mías caen sobre sus tetas hechas, las agarro, se las esparzo por el cuerpo, toma mi mano y aprieta sus tetas, pongo mis dos manos a su servicio y ella amasa sus tetas y también mis manos. Sigue la ronda y el transito acelerado, apoyo mis rodillas contra el borde de la cama y el cemento va cortando despacito la piel de mis piernas. Levanta su cola para pegarse a mí y la ayudo con una mano. La otra esta en su boca y ella la muerde con violencia. Saco mis dedos y meto mi dedo gordo. Con el resto de la mano la tomo del mentón y aprieto su cara. Aprieto su lengua hacia abajo. No quiero lastimarla, quiero hacerle sentir la rigidez. Sonríe con placer malicioso. Seguimos chocando con rudeza, yo contra ella y ella contra mí. Estamos completamente mojados, siento debajo de mis axilas y mi nuca gotas de transpiración rodar.
Entro y salgo de ella con una facilidad total, ella acaba y cuando lo hace hunde sus uñas en mis muslos sin que le importe nada.
-Vamos al baño por favor-, le digo, -démonos una ducha- Cuando se la saco veo mi pija un poco ensangrentada. Me pregunto de quién será la sangre mientras me enjuago en el lavamanos. Mía no es.
El baño es tan chiquito que cuando abrimos la ducha el agua cae sobre el inodoro. Ni hablar de una bañera o siquiera una cortina de baño. Se pone de pie contra la ducha y vuelvo a metérsela sin cuidado. Cogemos y cogemos y el agua fría cae por nuestra espalda. Así como estamos tengo libre acceso a sus pechos y dejo que el movimiento de mi pelvis guíe la caricia de mis manos. Una vez, dos, tres y también más. Creo que no voy a acabar nunca y la verdad no es que me importa. Se está bien debajo del agua, así, sin preocuparme de nada, descargando toda mi energía en ella. Ahora levanta los talones para que la penetre mejor y seguimos así durante un largo rato más. Creo que los dos estamos acalambrados.
-Voy a acabar otra vez- me dice y pienso que tengo que acabar. Que difícil, no tiene sentido, sigo ahí, pero ya estamos cansados, quizás sea lo mejor, acabar, darle, más rápido, más rápido, darle un poco más hasta acabar. Justo antes de hacerlo exhalo la respiración y me doy cuenta que hace al menos diez minutos que estoy en completo silencio. ¿Dónde estaba? Sin decir nada. Saco la pija y acabo en su espalda, está otra vez roja de sangre y creo que es posible que esta vez sea mía. El agua lava rápido la leche de su cuerpo y mientras me voy hacia atrás para apoyarme en el lavamanos la veo temblar de cansancio.
Salgo del baño y me acuesto desnudo sobre la cama. Ella se demora un poco más. Cuando sale estoy fumando un cigarrillo y me pide una seca, le digo que se prenda uno, que agarre de los míos. Se acuesta a mi lado pero no me toca, toco yo entonces su pierna. Fumamos en silencio y tomamos la otra cerveza que ya está tibia. En un rato nos van a venir a golpear la puerta para que nos vayamos. Ella lo sabe y yo también. Cuando apago el cigarrillo tomo su mano y la llevo a mi pija, me acaricia dos veces antes de que se me pare. Luego va sola a chupármela. El segundo polvo es igual, directamente en el baño por el calor. Antes de irnos hay un tercero pero yo no acabo. En la puerta le digo que se tome un taxi, antes de subirse, nos saludamos con un beso pero sin lengua.
martes, 2 de febrero de 2010
Soyu
Me pregunta si quiero fumar.
Pienso, quiero dormir con vos, si fumo, olvidate de que el polvo tenga sentido.
Vamos hasta la mesa. Me dice.
-Si vos fumas, yo lo prendo-
-Prendelo- le digo porque un buen fumador entiende que si alguien te ofrece dos veces es que tenes que decir que si.
La mesa es ancha, cuadrada, baja, tiene un mantel rojo, se da vuelta para buscar el encendedor, me acerco por detrás, pongo mis manos en su cuerpo, quizás primero mis palmas sobre su espalda, la recorro despacio, la voy sintiendo y prestando atención a lo que siento. Es importante para mi conectarme con ella.
Tiene un vestido de tela de algodón negro, liviano, que se pega suavemente a ella, como si al vestido le gustara la forma de ese cuerpo, como si deseara pegársele sin molestarla; la acaricio, pone las manos sobre la mesa y veo que deja el porro, en pocos segundos siento que se me está poniendo dura, excitarme me pone feliz; corre la cara hacia un costado, tiene rasgos hermosos pero “hermosos” es un desastre para la descripción.
Parte de su pelo negro le cubre la cara, lo tiene corto y desmechado, puntas filosas como de publicidad caen sobre su pómulo marcado, sobre los labios rosas. Abre la boca y tiene los dientes pequeños, la lengua sale a tomar aire, se estira como si saliera de un sueño; mis manos están en su cadera y andan solas, hace rato dejé de pensar en ellas; veo su boca y quiero besarla, pasarles las palabras directas de la fuente, sin decir ruidos, lamerla, tocarla suavemente, de a poco, lamiéndola como a un helado, de a poquito, acostumbrarme a ella.
Ahora se arquea, me busca con su cola como una perrita y voy hacia ella como un perro, nos pegamos, con la ropa todavía puesta, pongo mi pija entre sus nalgas (El vestido fue confeccionado por un amante, el jean por un norteamericano). Soy un perrito juguetón y cogedor que podría cogerla toda el día. Es una perrita juguetona, con un clítoris que me enamora. Tengo la pija como la misma torre de Pisa, un poquito inclinada hacia la derecha, pero firme como la que más, esperando desde hace años esto, el polvo dorado, la Puta que vale la pena estar vivo.
Levanto su vestido y cuando mis manos tocan su piel algo en el ambiente cambia. El PH de su cuerpo va perfecto con el mío. Somos más que el vino y la soda, combinamos mejor que una loca de 60 años al lado de un cuadro de Warhol, somos He-man y She-ra, nadie se desea más que nosotros y hace cuatro años que una vez, aunque ninguno de los dos lo recuerde, elegimos no volver a hablarnos porque era más fácil.
Y no es que yo piense somos nosotros, porque somos dos cracks, Ay que ver qué polvos Señor, Vea qué maravilla Señora, acá estos dos se encuentran y cogen que da envidia. No es que yo piense, por fin lo entendí, dos más dos cuatro, la meto por acá, pero sin violencia, la acaricio por dentro, mi pija es más sensible que mis manos, voy despacio tocándola, la rugosidad de su piel, el músculo mismo que su chochito significa, un poco más firme por acá, más terso cuando la aprieto, y entro y salgo, apenas con la cabeza de mi estimado Joaquín, y un poquito más, con los ojos abiertos, la miro y hace cositas con la boca y gime despacio pero sostenido; parece un sueño; y un poquito más y ella es un violín y yo el arco mismo, entonces hay veces en que se mueve ella y yo me quedo quieto, soy el arco más firme del mundo de la música y ella, el más sexy y despierto de los instrumentos, el más sensible stradivarius.
Antes de irnos, levanta apenas la pierna y le acerco una silla para que la apoye. Con mi mano derecha le levanto el muslo y veo la sonrisa de su otra boca comerme lentamente. Cuando agarro su piel me siento parte de ella, no quiero apretarla, quiero tenerla, amasarla, atraerla más hacia mi. Nunca me he sentido más tentado de entrar en una caverna. Corre su cuello para atrás y nos besamos, ¡Por favor!, su boca destila un néctar pernicioso, me dan ganas de masticarla, de beber de ella, de su agua dulce de ninfa excitada, pero somos reales, sé que no tiene sentido, nos besamos desesperados como si en realidad corriéramos hace horas y sedientos, buscáramos tomar agua del rocío de la mañana.
Acostados en la cama, luego de un rato, pongo mi pierna entre las suyas y presiono suavemente su conchita. Pongo mi brazo por detrás de su cuello y ella apoya su cabeza en el hueco de mi pecho. Mete mi lengua en su boca y la chupa, chupa mi lengua transpirada, absorbe mi saliva y vuelve a hacerlo. Dame de beber, me dice sin palabras; Ahora soy respirar de vos, de tu dulzura, Ahora soy, dice todavía en silencio, que me respires y me lleves.
Sé que estamos a punto de perdernos. Tira la cola un poco hacia atras, y viene hacia mi como la marea, acaricia mi orilla de arena, suave como la tarde, apenas ruidosa y lenta.
Pienso, quiero dormir con vos, si fumo, olvidate de que el polvo tenga sentido.
Vamos hasta la mesa. Me dice.
-Si vos fumas, yo lo prendo-
-Prendelo- le digo porque un buen fumador entiende que si alguien te ofrece dos veces es que tenes que decir que si.
La mesa es ancha, cuadrada, baja, tiene un mantel rojo, se da vuelta para buscar el encendedor, me acerco por detrás, pongo mis manos en su cuerpo, quizás primero mis palmas sobre su espalda, la recorro despacio, la voy sintiendo y prestando atención a lo que siento. Es importante para mi conectarme con ella.
Tiene un vestido de tela de algodón negro, liviano, que se pega suavemente a ella, como si al vestido le gustara la forma de ese cuerpo, como si deseara pegársele sin molestarla; la acaricio, pone las manos sobre la mesa y veo que deja el porro, en pocos segundos siento que se me está poniendo dura, excitarme me pone feliz; corre la cara hacia un costado, tiene rasgos hermosos pero “hermosos” es un desastre para la descripción.
Parte de su pelo negro le cubre la cara, lo tiene corto y desmechado, puntas filosas como de publicidad caen sobre su pómulo marcado, sobre los labios rosas. Abre la boca y tiene los dientes pequeños, la lengua sale a tomar aire, se estira como si saliera de un sueño; mis manos están en su cadera y andan solas, hace rato dejé de pensar en ellas; veo su boca y quiero besarla, pasarles las palabras directas de la fuente, sin decir ruidos, lamerla, tocarla suavemente, de a poco, lamiéndola como a un helado, de a poquito, acostumbrarme a ella.
Ahora se arquea, me busca con su cola como una perrita y voy hacia ella como un perro, nos pegamos, con la ropa todavía puesta, pongo mi pija entre sus nalgas (El vestido fue confeccionado por un amante, el jean por un norteamericano). Soy un perrito juguetón y cogedor que podría cogerla toda el día. Es una perrita juguetona, con un clítoris que me enamora. Tengo la pija como la misma torre de Pisa, un poquito inclinada hacia la derecha, pero firme como la que más, esperando desde hace años esto, el polvo dorado, la Puta que vale la pena estar vivo.
Levanto su vestido y cuando mis manos tocan su piel algo en el ambiente cambia. El PH de su cuerpo va perfecto con el mío. Somos más que el vino y la soda, combinamos mejor que una loca de 60 años al lado de un cuadro de Warhol, somos He-man y She-ra, nadie se desea más que nosotros y hace cuatro años que una vez, aunque ninguno de los dos lo recuerde, elegimos no volver a hablarnos porque era más fácil.
Y no es que yo piense somos nosotros, porque somos dos cracks, Ay que ver qué polvos Señor, Vea qué maravilla Señora, acá estos dos se encuentran y cogen que da envidia. No es que yo piense, por fin lo entendí, dos más dos cuatro, la meto por acá, pero sin violencia, la acaricio por dentro, mi pija es más sensible que mis manos, voy despacio tocándola, la rugosidad de su piel, el músculo mismo que su chochito significa, un poco más firme por acá, más terso cuando la aprieto, y entro y salgo, apenas con la cabeza de mi estimado Joaquín, y un poquito más, con los ojos abiertos, la miro y hace cositas con la boca y gime despacio pero sostenido; parece un sueño; y un poquito más y ella es un violín y yo el arco mismo, entonces hay veces en que se mueve ella y yo me quedo quieto, soy el arco más firme del mundo de la música y ella, el más sexy y despierto de los instrumentos, el más sensible stradivarius.
Antes de irnos, levanta apenas la pierna y le acerco una silla para que la apoye. Con mi mano derecha le levanto el muslo y veo la sonrisa de su otra boca comerme lentamente. Cuando agarro su piel me siento parte de ella, no quiero apretarla, quiero tenerla, amasarla, atraerla más hacia mi. Nunca me he sentido más tentado de entrar en una caverna. Corre su cuello para atrás y nos besamos, ¡Por favor!, su boca destila un néctar pernicioso, me dan ganas de masticarla, de beber de ella, de su agua dulce de ninfa excitada, pero somos reales, sé que no tiene sentido, nos besamos desesperados como si en realidad corriéramos hace horas y sedientos, buscáramos tomar agua del rocío de la mañana.
Acostados en la cama, luego de un rato, pongo mi pierna entre las suyas y presiono suavemente su conchita. Pongo mi brazo por detrás de su cuello y ella apoya su cabeza en el hueco de mi pecho. Mete mi lengua en su boca y la chupa, chupa mi lengua transpirada, absorbe mi saliva y vuelve a hacerlo. Dame de beber, me dice sin palabras; Ahora soy respirar de vos, de tu dulzura, Ahora soy, dice todavía en silencio, que me respires y me lleves.
Sé que estamos a punto de perdernos. Tira la cola un poco hacia atras, y viene hacia mi como la marea, acaricia mi orilla de arena, suave como la tarde, apenas ruidosa y lenta.
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