viernes, 30 de julio de 2010

Buscando lios

-A qué viene todo esto señor Brian?
-Nada, es que por las noches me vienen el mal humor y la justicia social.
-Ah, claro.
-Si, claro.
-Se da cuenta usted que es nocivo para si mismo? No estaba feliz con su nuevo trabajo, con la gente para la que estaba trabajando, Que le dio una oportunidad?
-Si, estaba, pero algo cambió y después no me importa mucho nada. No quiero que me digan una verdad por otra.
-No vale la pena, usted lo sabe.
-Lo sé, pero no lo vi en el momento.
-Ahora se pone a escribir, hace como que lo puede superar, pero sabe, sabe bien, que estuvo de más.
-Claro, pero si no hacía nada qué? Estaba de menos. No pude dejarlo pasar. Sentí que era un desafío.
-Le gustan los desafíos?
-Depende de cuales.
-Cuales le gustan?
-Los que no llevan a nada.
-En serio?
-No me doy cuenta, es como si fuese algo que me pasa.
-Pero usted quiere terminar en la calle y salir a buscar trabajo?
-No.
-Entonces?
-No sé, me pareció que tenía que decir algo.
-Odia la autoridad?
-No la odian todos?
-No.
-En serio?
-Odia tanto la autoridad que le cuesta imaginar que hay gente que disfruta que otros tengan más autoridad.
-No creo que nadie disfrute eso. Pero ojo, no siempre tengo problemas con la autoridad, hay veces en que puedo dominar eso.
-Bueno, pero si usted lo está dominando es porque en realidad, siempre siente deseos de desafiar la autoridad.
-Eso es algo humano.
-Usted no es tan inocente.
-No lo soy.
-Aparte, hay gente que quiere tener más autoridad y para eso tiene que si o si negociar con la autoridad.
-Yo negocio.
-Este no es el modo.
-Pero si no están cumpliendo con la ley.
-Pero si usted es el encargado del lugar señor, usted se ganó un lugar y lo acaba de tirar por la borda.
-Es para tanto?
-Le envió el mail a todos sus compañeros.
-Si.
-Y qué esperaba obtener?
-No lo pensé.
-Claro que no lo pensó, no podía obtener nada, si lo hubiera pensado, si hubiese perdido un segundo de su vida en pensar si iba a ganar algo con todo eso, no lo hubiera hecho.
-Lo hice por eso mismo.
-Para no ganar nada?
-No, lo hice porque pensé que no había nada que ganar y no sé bien por qué, pero me cerró. Estoy cansado del trato que tenemos los empleados, no es que yo sea el gran encargado. A la hora de trabajar soy un peón más y trabajo incluso más que las personas que trabajan para mi. Es más, decidí ser encargado sólo para que nadie me esté diciendo qué puedo y qué no puedo hacer
-No tiene mucho sentido lo que dice. Me suena mucho más a una excusa que a otra cosa.
-Bueno, por ahí me hubiese hecho falta un buen consejo pero tuve ganar de enfrentar…
-ENFRENTAR EL PODER! Quién es usted, Juana de Arco?
-La comparación carece de linealidad genérica.
-Está bien, Robin Hood.
-Yo no robé.
-Ok Rodolfo Walsh de juguetería, Che Guevara de imitación, lo que hizo no le va a hacer ganar nada.
-La historia me juzgara.
-Eso lo dijo Menem.
-Él lo repitió, no sé quien lo dijo primero, aparte estaba haciendo un chiste, me doy cuenta que hice algo no tiene sentido.
-Bueno, muy bien. Y ahora?
-Ahora a esperar.
-Qué?
-A ver cómo reaccionan. Soy un gato, lo sé, pero ya está. Si me echo para atrás no tiene sentido y aparte puedo aprender algo de todo esto.
-Y qué sería?
-Nada, que por ahí hay que mejorar el método pero eso no significa que me tenga que callar. Pienso que si sólo se lo hubiera mandado a mi jefa ella me podría haber respondido en privado y de última yo podía meditar si elegía mandárselo a todos.
-Ahora no le dejó a ella ninguna opción.
-Ya sé. Tampoco se la quise dejar pero me doy cuenta que ella al verse encerrada se va a enojar conmigo y que si o si me tengo que conseguir otro trabajo. Aparte mis compañeros de trabajo no valen la pena. Dejé en evidencia una estructura que es mucho más grande que yo. Estoy peleando con molinos de viento.
-Ay que lindo. ¡Pero está usted soñando mi amigo!
-Yo no soy su amigo.
-Bueno, bueno. Usted está soñando señor. Piensa que esto que hizo acá vale algo?
-Algo vale.
-Qué?
-Vale para ser diferente.
-Lo que usted tiene se llama pelotudes.
-Lo sé, también le dicen inocencia, coraje, romanticismo.
-Estupidez le dicen.
-Ya sé
-Y se da cuenta que no vale la pena, que es muy alto el costo que puede llegar a tener que pagar?
-Me doy cuenta.
-Quería demostrar algo?
-No lo sé.
-A alguien o a usted?
-No sé, creo que a ellos, a los jefes, a mi, a mis compañeros, no lo sé, es algo que es parte de mi, no lo inventé ahora, soy así desde que tengo memoria, alguna vez me sirvió, y después ya no me sirvió más.
-Le gusta joder a la gente.
-Me gusta enfrentar a los que tienen más poder que yo y se abusan de eso.
-Pero eso es digno de un pelotudo.
-Lo sé. Soy ese tipo de pelotudo.
-No se lo digo por eso, sabe. Se lo digo porque acá el único que se jodió con esto es usted. Así sus compañeros no tengan que llevar nunca un certificado médico, usted ya está fuera de su trabajo. Nunca le van a dar otro puesto en esa empresa.
-Bueno, me equivoqué.
-Eso quería escuchar.
-Ya sé, es como el final de 1984.
-Quería usar esa frase, no? La tenía pensada desde hace un tiempo?
-Desde que leí que al chavón le habían quebrado el espíritu y entendí que no importaban todas las mierdas esas de las teles prendidas y la imposibilidad de tener sexo, que si te hacían ir en contra tuyo ya te habían cagado de verdad.
-Ay, usted derrama más romanticismo que una novela de las 3 de la tarde.
-No es el mismo tipo de romanticismo. El mío es del tipo, el día que la injustita me haga callar la boca… pero es todo una mentira, ni soy mejor que el resto ni nada. Lo que hice fue porque no pensé y quizás porque tenía sueño y quizás porque como usted dice soy un pelotudo.
-Bueno, por lo menos ya nos vamos entendiendo
-Si
-…
-…
-Se rinde entonces.
-Me rindo, sé que no hacía falta, que no voy a cambiar nada.

(durante algunos segundos nos miramos en silencio)

-No me gusta del todo verlo así.
-En serio?
-Esperaba que tuviese un poco más de sentido su batalla.
-No la tiene
-…
-Tengo que ir al baño, puedo?
-Claro, lo acompaño.
-Tengo que ir a cagar.
-No importa, lo acompaño y seguimos conversando.
-Como diga.

(camino al baño)

-Se le aflojan las eses?
-Odio esa palabra, es tan freudiana.
-Pero se aflojan.
-Desde siempre. cuando era chico y algún pibe me quería fajar, siempre me daban ganas de ir a cagar.
-Debe ser por eso que a la gente como usted se le dice “cagón”.
-Debe ser. Quizás por eso mandé el mail. No quiero que nadie me diga cagón.
-En serio?
-No sé. La verdad es que estoy tratando más o menos de entender pero… no pasa mucho.

(el tipo se apoya contra la pared y yo largo de una todo lo que voy a cagar. Rápido como un tobogán de agua)

-Está cayendo en la realidad, no?
-Si, ya sé que fue una tontería.
-Lo volvería a hacer?

(el tipo hace una cara rara)

-Le molesta el olor?, ya termino.
-Haga de cuenta que no estoy acá.
-Bueno

(voy hasta el bidet)

-Lo volvería a hacer?
-No sé, no creo, es como que me doy cuenta que me serrucho el piso. Que dejé de jugar su juego y que ahora me puedo hacer el valiente pero que no es más que una tontería.

(me levanto del bidet y sin secarme me subo los pantalones. Se me moja todo el culo)

-Necesita demostrar que tiene valor, es eso?
-Puede ser. Cuando voy a tomar el bondi para el trabajo pienso en eso. Voy de noche, justo antes de las 12 y me doy cuenta que tengo un miedo mental pero no físico. Onda, estoy ahí probándome pero siempre supero la prueba. No termino de entender si tengo miedo o lo imagino. Ayer lo que tendría que haber hecho era ponerme a leer algo de política, distraerme y hacer como hacen todos. Callarme la puta boca y buscar lo mejor para mi.
-Pero no. El señorito necesita pensar que está cambiando el mundo.
-No. no es eso. Lo que yo quiero es que me dejen de romper las bolas.
-Seguro que con esto lo consiguió.
-Yo diría que más bien todo lo contrario.
-Sabe qué quiere?
-Claro que no.
-No le da miedo?
-Claro que si.
-Y entonces?
-Tengo un dedo de frente de más.
-Eso es una tontería.
-Puede ser. Quizás debería ser como el encargado de la tarde. Un gil trepador. Pero no me sale. Me hago el revolucionario.
-Revolucionario? Usted es un pelotudo.
-No lo niego ni lo negaría. Pero no voy a dejar que me traten como a un pelotudo más.
-Pero se da cuenta de que el sistema laboral ya está organizado y esa seudo rebeldía infantil no le ayuda para conseguir lo que usted quiere?
-No veo que la seudo dependencia adictiva infantil que muestran mis compañeros le sirva más a ellos. Al menos acá estoy. Pensando en que hice algo aunque sea mínimo e incluso no tenga sentido.
-A sus compañeros no le importa lo que hizo.
-No lo sé. Puede ser. Sólo que no lo hice por ellos.
-Lo hizo por usted. A usted le importa.
-Puede ser.
-Le importa dar un batalla perdida de ante mano, con un premio inexistente, desafiando el reglamento interno de su lugar de trabajo cuando lo que podría haber hecho…
-Basta con eso. Con lo que podría y no pude. Basta con eso. Lo hecho, hecho está, ya se lo dije. Y aparte, si por un segundo me hace sentir mejor conmigo mismo.
-Aunque sea tan fugaz como una paja.
-Le estoy aflojando a la paja.
-No sabe hacer cosas más duraderas?
-No sé. Todavía no lo entendí a eso. No puedo velar por mis intereses. Me boicoteo. Eso quiere escuchar? Esa mierda de que es uno el que siempre se impide a si mismo lograr lo que quiere. Bueno, claro, yo soy el que se boicotea. Soy el peor. Me cago en usted, me cago en su juicio. Me cago en mi, en mi trabajo y en mi miedo. Ellos no tienen derecho a obligarnos a hacer siempre lo que más les conviene y si mis compañeros de trabajo no lo entienden que se jodan, aunque el único que se jode soy yo.
-Bravo, bravo, cuanto heroísmo.
-No es eso, es al menos sentirme vivo y poderoso.
-Como una paja.
-Si, como una paja, si eso es lo que quiere escuchar, una paja, aunque tenga que volver a trabajar de mozo y me pase 10 meses antes de entender que puedo hacer lo que quiera con mi vida.
-Usted es una mentira, se da cuenta?
-Me doy cuenta.
-No es escritor.
-Lo sé.
-No leyó ni estudió nunca todo lo que dice haber leído y estudiado.
-Ya sé.
-No le da vergüenza?
-Trabajo en un hostel, por algo es.
-Por favor, no siga que me da lástima.
-No es verdad que se la de.
-No se crea, tiene sus momentos, al final voy a terminar pensando lo que usted quiere que todos piensen.
-Y qué es?
-Que está desperdiciando su potencial.
-Jaja.
-Le da risa?
-Me la da.
-Qué cosa? Yo o lo que dije?
-Por ahí son las dos.
-Yo por qué?
-Porque le doy lástima pero a la vez siente un poco de admiración por mi y porque cuando dijo que estoy desperdiciando mi potencial me imaginé que mi jefa se iba a sentir atraída por mi, por esta estupidez que hice.
-Es tan inocente?
-Parece, no?
-No, no parece. Pero si creo que se engaña.
-No me engaño. No soy así apropósito. Trato de hacer mejor las cosas pero estos detalles me superan. Pienso que alguna vez me voy a poder dedicar a escribir y estos pequeños riesgos, innecesarios quizás, me van a hacer sentir orgulloso de mi.
-Claro, un pelotudo.
-Puede ser.
-Ahora se pone soberbio.
-No me deja otra opción.
-Por?
-Me siento inseguro porque me doy cuenta que voy contra el sentido común. Pero sabe lo que leí del sentido común? Que era por naturaleza de derecha. Yo le agrego que es ignorante y otra frase más que quizás no tenga lugar pero la leí hace unos días y me gusto
-A ver…
-El miedo es un factor paralizante que genera indiferencia hacia el sufrimiento ajeno.
-Hermosa frase.
-La escribió el hijo del director del Herald de Buenos Aires, en relación a las denuncias que su padre hizo de los desaparecidos durante el golpe de estado.
-Mezcla todo usted.
-No todo, pero veo gente durmiendo en la calle con este frío y siento que tengo que hacer algo.
-Claro, y mandar un mail con la ley de contrato de trabajo a compañeros que no dudaron nunca en tirarle mierda o mirarlo de reojo, es la solución?
-No.
-Entonces.
-No sé, es la sensación de no estar dispuesto todo el tiempo a callarme la boca.
-Bravo.
-Le falto el aplauso.

(me aplaude)

-Y ahora?
-Ahora nada. ya fue man. Trabajos de mierda se consiguen todo el tiempo. Aparte, quien le dice, hasta es posible que me consiga un trabajo mejor.
-En hotelería supongo?
-Qué otra me queda?
-Y para ser un hombre decidido y luchador que se indigna por la gente que duerme en la calle, usted deja mucho pero mucho que desear.
-Ya lo sé. Yo también lo pienso. Me da menos miedo que me echen que otras cosas.
-Por qué será?
-Juego con el tiempo y con mi cara de joven. Al final me imagino que voy a volver a Rosario, me voy a buscar un trabajo malo que no me parta el lomo y listo.
-Una vida hermosa, seguro que eso soñó siempre.
-No, la verdad esperaba más de mi, pero acá me tiene, buscando trabajo en otro hotel. Mintiendo descaradamente que soy un siervo más.
-Patético.
-Si. Pero qué otra me queda?
-A ver. Otras tienen que quedarle. Porqué no se consigue un trabajo en una editorial o algo parecido.
-En serio? No me venga con cuentos usted también. Traté y no pude. La culpa es mía. Lo sé. Me da tanto miedo que no puedo fingir lo necesario. Hoy tuve una entrevista de trabajo.
-Ah, por eso se hizo el guapo con lo del mail.
-Puede ser, soy gil pero no tanto. Pero déjeme que le cuente mi sensación.
-Claro, claro.
-Voy a una mansión en San Telmo. Linda pero fea. Muy mal decorada, con exageración casi desagradable, un lugar donde se podría sentir cómoda cualquier persona de medio pelo para arriba que nunca haya conocido las comodidades de la buena vida. Algo que hace 50 años quizás era elegante pero que ahora no es más que una casa de reliquias. Desde que entro pienso en fingir. Me imagino lo que quieren ver. Finjo hasta en el modo en que me siento o que muestro curiosidad. Por un momento imagino que no debe haber diferencia entre lo que estoy haciendo y escribir el más falso de los curriculums y presentarme a buscar trabajo en una súper compañía.
-A dónde va con todo esto?
-Que es un juego. Que los que te contratan también están fingiendo. Ellos quieren hacerte creer que les gusta su trabajo y que en ningún lugar se trabaja tan bien como ahí. Pero después cuando te contratan, tardas dos semanas en ver que es todo la misma mierda. Tu jefe no quiere hacer nada y te pasa toda la responsabilidad que puede. Pero a la vez, como está tan distraído en no hacer nada, vos te das cuenta que tus compañeros tampoco hacen nada y que ellos te pasan la responsabilidad a vos. Son 3 meses. 3 meses de chupa pija y después a la mierda con todos. Primero tenes más modales que Jacky Kennedy y después te casas con el griego que más guita tiene en el mundo. Todos putos. Pensaba que si puedo fingir lo suficiente para que me contraten en un lugar así, por ahí, puedo fingir lo suficiente para que me contraten en algún lugar que esté mejor.
-Me gusta el plan, suena menos patético que todo lo que viene diciendo.
-Si, igual no se haga ilusiones, soy de lo que desilusionan.
-Eso es lo que más le gusta de usted?
-No se crea.
-Bueno, eso parece.

lunes, 7 de junio de 2010

La mitad vacía

Fue la maestra de grado quien le aclaró a la directora, que debía hablar con el padre y no con la madre. La directora se sorprendió al escucharla
-La nena dijo que es la madre quien le pega.
-¿Pero está segura?- dijo la directora.
-Es lo que dice la nena, los chicos no mienten en estas cosas. Por ahí usted quiere hablar con la nena.
Para Magdalena, esa era la primera vez, desde que se reincorporara al trabajo, que tenía que citar a algún padre para conversar. Eso no le gustaba. Dos años atras tuvo un pico de presión y quedó hemipléjica. Perdió el habla e incluso la habilidad para ir al baño a tiempo.
Le tomó un año volver a conversar linealmente y un poco más caminar sin ayuda de un bastón. Como secuela, la mitad de su rostro quedó paralizado y cada vez que sonríe, o trata, la mitad de su cara tiesa le recuerda lo que vivió. Sabe que pocos no se impresionaban al verla.
El padre de Camila llegó a tiempo la mañana del siguiente día. La maestra no había dado detalles por recomendación de la directora.
Magdalena se sentó en su escritorio, aviso por intercomunicador que hicieran pasar al señor Goncalvez.
-Siéntese por favor.- El señor Goncalvez le estiró mano a la directora, era un hombre joven, de unos 35 años, delgado, no muy alto. Ella sabía que sin importar la edad que tuviesen los padres, todos agregaban una carga ceremonial al hecho de estar en la dirección. Como si no pudiesen dejar de revivir situaciones infantiles de castigos prometidos y cosas por el estilo. La maestra de Camila llegó unos segundos después y se quedó parada al fondo del salón. Sentía por su estomago correr una adrenalina lenta, como un dulce pesado.
-Bueno-, dijo Magdalena, y pensó en la mitad de su cara firme y muerta. -Camila es una nena hermosa, acá su señorita, siempre me habla cosas lindas de ella.-
-Me alegro-, dijo el joven señor Goncalvez que se veía preocupado.
-El otro día, después de la clase de pintura, Camila pidió ayuda a la profesora para cambiarse la ropa porque se había manchado y pudo ver que la nena está llena de moretones y golpes.
La cara de Goncalvez se puso blanca. La directora hizo un largo silencio. Despues retomó.
-Lo llamamos a usted, porque Camila dijo que es la madre quien le pega.- Nuevo silencio.
Goncalvez se pasó una mano sobre la cara y respiró durante largos segundos. Empezó a hablar mirando el piso. Parecía que estaba llorando.
-Mi mujer ha estado muy nerviosa este último tiempo. No sé si usted sabe pero hace unos meses perdimos un embarazo.- Goncalvez volvió a respirar y cuando levanto la mirada no lloraba.
La directora continuó en silencio y Goncalvez siguió hablando.
-Ella está bajo mucho stress, en realidad, según el doctor eso fue lo que le hizo perder el embarazo. Yo trabajo durante muchas horas…-
Un exceso de angustia le tapó la garganta y comenzó a llorar sin bajar la cabeza. Siguió. -Yo, trabajo muchas horas, Mariana, perdió el trabajo después de perder el embarazo, estaba de seis meses, ¿sabe?, ehh.- Volvió a taparse el rostro mientras dejaba salir el llanto.
-Trabajo todo el día ¿sabe?- decía como para si mismo y después, con los ojos llenos de lágrimas, miró a la directora que le devolvió, como su cara le permitía, una mirada de empatía y a la vez de firmeza.
-¿Donde está Camila?- preguntó el padre asustado.
-Ahora ella está en clases, yo quisiera que hablemos sobre lo que va a pasar.
-Quiero verla, yo le juro, le juro que no sabia de esto. Trabajo doce horas al día. Es mi culpa. ¿Está muy golpeada?- pregunto con cara asustada y honesta.
La directora miró hacia el fondo del salón. La maestra abrió los ojos, dudó unos segundos y luego se acercó hasta el escritorio. Ahí parecía que todos estaban dando lección. Con las manos agarradas y colgando delante del cuerpo, la comenzó a decir.
-Si, está muy golpeada.- con la voz bajita, dudando -Ella dice que fue su mamá. Tiene marcas en la espalda como si alguien le hubiera pegado con un cinto. Tiene marcas entre los muslos y también en las pantorrillas…-
La mirada de Goncalvez se perdió más allá de las paredes del viejo y alto salón. Estaba desorbitado.
La maestra continuó enumerando de a poco los golpes y cicatrices que Camila tenía. Cuando le pareció suficiente la directora la interrumpió.
-Nosotros vamos a hacer la denuncia en el ministerio de protección infantil. Después de esto que pasó, es nuestra obligación.-
-No por favor- dijo Goncalvez mientras apoyaba las manos unidas sobre el escritorio. –No por favor, no por favor, tiene que haber otra manera, Mariana no es una mujer violenta, nunca, nunca, es una madre dulce, tiene que haber otra explicación, quizás lo dijo por miedo, quizás es alguien más.-
La señorita lo interrumpió.
-El otro día ella le pego a una compañera en la clase de gimnasia, señor, ya hay varios comportamientos de Camila que son agresivos. Yo, sabiendo lo de su hermanito, lo dejé pasar pensando que era por eso mismo.
-Acá hay algo que nosotros no podemos eludir- dijo Magdalena –que es nuestra responsabilidad como adultos, y es proteger a la nena.
-Está bien, pero, escúchenme por favor, yo voy a hablar con Mariana, yo entiendo que ella está triste, que no tiene trabajo, que perdimos un hijo, ella estaba tan ilusionada con volver a ser mamá, esto es… -Goncalvez respiró profundo. Le parecía insoportable mirar a la directora a la cara, ese rostro deforme le devolvía siempre una sensación mucho más desagradable que la que sentía que sus palabras provocaban. –esto sería lo peor, tanto para Camila, como para, como para Mariana, yo voy a hablar con ella, yo le voy a decir, le voy a pedir que empiece terapia, yo sé que lo vamos a solucionar, por favor, acá lo importante es que no metamos a la justicia en el medio. ¿Usted me entiende directora?-
Magdalena guardó silencio durante unos segundos. Su ojo parpadeaba veloz cuando estaba nerviosa. La maestra la miró. Esperaba que la directora dijera algo. Como no lo hacía, dijo:
-La única justicia sería hacer la denuncia.- -mirando a Goncalvez y luego -Es nuestra obligación-, pero ya mirando a la directora.
-Es su obligación, claro-, dijo Goncalvez antes de que lo interrumpiera un llanto de pecho y le deformara la voz, -pero es mi familia-, dijo conteniendo el aire para poder hablar, -es mi familia-, dijo por fin y se largo a llorar por completo.
La directora miró a la maestra durante algunos segundos. Lo que iba a decir, lo tenía que decir a solas, la maestra no lo podía escuchar.
-Vaya a buscar a Camila por favor.-
-Señora-
-Hágame el favor, yo me ocupo desde acá. Traiga a la nena.
Goncalvez seguía llorando cuando la maestra cerró la puerta.
-Necesito que se comprometa a solucionar esto. En este momento yo me estoy poniendo en la línea por usted. Por su familia.
-Si directora, si.-
-Deje llorar por favor.- Magdalena pensó en cómo se vería su rostro en ese momento -Si sucede otra vez, no sólo vamos a hacer la denuncia, sino que usted será un cómplice de esa violencia. Yo no sé si es así o no. Pero la nena dice que es su madre quien le pega.
-Yo trabajo todo el día.-
-Déjeme terminar- dijo concisa la directora y Goncalvez se calló en el acto. -Usted es el padre y es su responsabilidad cuidar de la nena. Nosotros somos los segundos responsables y después está la justicia. Si usted se compromete, yo estoy dispuesta a no llamar a la justicia.-
-Claro, claro, yo voy a hablar con Mariana, ella es una buena madre, está pasando por un momento tan difícil.- Goncalvez se puso de pie y tomó una de las manos de la directora. La directora le pidió que la soltara y volviera a sentarse.
Alguien golpeo la puerta y luego, Camila y la maestra entraron. La directora se puso de pie y haciéndole una seña a la maestra le indicó que saliera y salió detrás de ella. En el gran salón Goncalvez esperaba de rodillas que su hija se acercara para abrazarla. La directora cerró la puerta detrás de ella.
-¿Qué vamos a hacer señora?
-Por ahora, vamos a controlar que la nena no venga otra vez golpeada.
-Pero tenemos que llamar al ministerio de menores.-
-Mirá, yo llevo muchos años en esto, la verdad es que si el padre se compromete a cuidarla, es mejor que meter a la justicia.
-Pero señora, eso es muy peligroso, el padre trabaja todo el día, la nena lo cuenta, después está sola con la madre.
-En este momento me parece lo mejor.
La cara de la maestra apenas lograba esconder el enojo y la frustración. Quería tanto ayudar a Camila y de repente sentía que no podía hacer nada. Cuando Magdalena estiró su mano para acariciarle el rostro, odió su cuerpo mitad muerto e imagino que su corazón era igual.
-Tengo que volver a la clase- dijo.
-Está bien, me parece lo mejor. respondió la directora con su mano a mitad de camino de acariciarla.

Tensión el alza

La clase no era peor que cualquiera de las otras de los últimos seis meses. Ese no era el problema.
Cuando, después de 40 minutos ininterrumpidos de falta de atención, levantó las patas delanteras del escritorio y grito –callensé pendejos de mierda- el silencio que se hizo lo aturdió tanto que extrañó el ruido.
La primera en levantarse fue Silvana Swertein, que salió del curso llorando. Detrás de ella salió Micaela Lorenzo, que le dedicó una mirada cargada de especial desprecio. Emiliano pensó por un momento que esto le valdría una sanción disciplinaria pero no le importó demasiado. La mirada de Micaela y también la que ya mostraban sus otros alumnos le hizo sentirse incómodo. Durante los últimos 40 minutos había estado tratando de explicar el principio de incertidumbre de la física quántica. No era, sin duda, un colegio para enseñar eso.
-Alguien más necesita salir a llorar?
Los alumnos continuaron en silencio.
-Muy bien, dejé en la fotocopiadora diez preguntas sobre lo que en la clase de hoy estuve explicando, tienen que responderla para la semana que viene.
Del fondo se escuchó.
-Esto es una mierda-
Una ristra de risas se desplegó entre los bancos, como la onda expansiva de una bomba. Pero duró apenas unos segundos.
-¿Quién dijo eso?-
Silencio. Algunos miraban para el costado.
-Mucha mierda- Otra vez la misma voz pero nadie se rió ahora.
Emiliano avanzó unos pasos entre los bancos.
-Marquez,¿hay algo que me quieras decir? Gritó Emiliano.
-Yo no dije nada profesor-
Lo miró fijo por unos segundos. Marquez era uno de los problemáticos pero no era desafiante. Era difícil que él hubiese sido pero Emiliano estaba tratando de evitar quedar como un imbecil.
-Miren chicos, acá se viene a aprender…-
-Pura mierda- Le interrumpió otra vez la voz. Los labios de Marquez no se habían movido pero la voz venía de ese lugar más o menos
-Basta, ¿Quién está hablando? Marquez, Morreli, Mattos, Garceti, todos de pie.-
Garceti, que medía como dos metros, se paró quejándose. –¿Yo porqué profesor?, si no dije nada.
-Silencio. Los cuatro para la dirección.
Marquez desde su banco.
-Nosotros no fuimos.
-Bueno, entonces ¿Quién fue?
-Nadie profesor.- dijo Mattos.
-En cualquier momento va a sonar el timbre. Les sugiero, que si quieren aprobar mi materia, la corten con las pelotudeses y empiecen a prestar atención.-
-Ah, pero vos sos un pelotudo de categoría.- Otra vez la voz, pero ninguno de los cuatro, que ahora permanecía de pie había hablado.
-Bastaaa- Emiliano sintió que estaba al límite de su paciencia. Camino hasta el fondo del salón, unos siete u ocho metros.
-¿Quién es el cagón que se esconde y habla?
Los alumnos permanecieron en silencio. Las chicas lo miraban con la boca abierta y los ojos brillosos. Parecían disfrutar de lo que pasaba.
Emiliano volvió a gritar, mirando con ojos vidriosos a sus alumnos.
-¿Quién es el cagón que habla sin dar la cara?
-¿Qué le pasa profesor, cómo nos va a hablar así?
Emiliano se dio vuelta, ágil como un boxeador encerrado. La que hablaba era Carolina Muñiz, quizás la única buena alumna según su criterio. No era muy inteligente pero si aplicada, si respetuosa, si llena de interés.
Emiliano respiró antes de contestarle. Se pasó la mano por el pelo y se acomodó el mechón de pelo hacia atrás. Respiró. Se estaba yendo al carajo y no se había dado cuenta. A esta altura era muy posible que incluso, en el salón de al lado lo hubiesen escuchado. Las grandes ventanas, los techos altos, ahora todo le parecía potenciar sus gritos. Pensaba en esto cuando escucho de algún lugar a su izquierda, una voz aguda y deformada, que decía veloz.
-Pu to-
La tensión inundó el salón. Los ojos de Carolina lo miraban fijo, le pedían que se serenara. Emiliano la observó durante segundos, mientras su sangre fluía cada vez más fuerte y más pesada. Después, sólo segundos después, una risita, y otra, incluso los ojos de Carolina parecieron reírse un poquito. Entonces, ciego, con la mano derecha, tanteo uno de los pupitres y agarrandolo como pudo lo levantó y lo tiró contra la pared del fondo. Era el pupitre de Enrique, un alumno gordito y dulce que después de un grito agudo se cubrió la cara con las manos.
Emiliano se deformó por completo. Las cejas contraídas, las venas en la garganta a punto de explotar
-¿Quién es el gracioso, Quién?- Gritó con saliva colgando de los labios. Pero nadie iba a contestarle. Mientras, por dentro, todos se reían de él. ¿Qué le pasaba? Pero los ojos despiertos de todos esos pibes lo juzgaban, lo superaban. Ya van a ver, pensó.
Primero se fue contra Garceti, que se había vuelto a sentar, porque era el más grande de todos. Lo pateó arriba de la rodilla. Garceti trató de pararse pero la patada había dado justo en la articulación. En lugar de eso, se desplomó por el piso. Justo para arremeterlo, calculó Emiliano, y lo pateo a la altura de la oreja.
-¿Quien?- Gritó otra vez mientras con las manos invitaba desafiante al que quisiera enfrentarlo.
Las chicas comenzaron a gritar y correr hacia fuera del salón.
Emiliano avanzó en dirección a Marquez. Desde el segundo día había querido poder pegarle una linda paliza. Atrevido. Eso era un atrevido. Huarque gritó, justo antes de que una mano rápida le pegara en el labio y lo tirara sobre Mattos.
-¿Quién?-, volvió a gritar.
Los chicos trataban de correr fuera de los pupitres, pero como las sillas estaban soldadas ninguno hacía tiempo suficiente. Emiliano se entretuvo pegando hacia un lado y otro durante unos minutos hasta que alguien, una de las chicas, le tiró una cartuchera. En segundos le llovieron otras. Se dio vuelta justo antes de que le llegara la primer carpeta. Justo en un ojo. Luego otra. Alguno, quizás Mattos, le pegó un sillazo. Su hermano mayor siempre le había dicho que a la hora de una lucha, cualquier cosa que equipare la batalla está permitida. Y eso fue casi todo. Garceti ya se había incorporado y aunque lloraba le estaba dando con todo.
Cuando sonó el timbre los alumnos lo seguían golpeando. Eran al menos veinte, entre chicas y chicos.

martes, 16 de marzo de 2010

Crisis de los 50

MARGA: No te entiendo.
ROLANDO: No hace falta.
MARGA: ¿Para qué?
ROLANDO: Un hombre siente el paso de los años.
MARGA: ¿Pero no pudiste pensar en mi?
ROLANDO: Me miré al espejo antes de decidirme, eso hice.
MARGA: ¿Y ahora cómo seguimos?
ROLANDO: Me dije, Rolando, en toda tu vida no hiciste nada arriesgado.
MARGA: Viejo choto ¿ahora querés ser joven?
ROLANDO: La juventud es un cáncer. Yo quiero ser intrépido.
MARGA: Te vas a lastimar.
ROLANDO: Quería sentirme como James Bond.
MARGA: ¿Poderoso?
ROLANDO: Elegante.
MARGA: Desagradecido, decime, ¿te hizo feliz al menos?
ROLANDO: La felicidad es cosa de publicidades.
MARGA: Pero si sos publicista.
ROLANDO: No soy mi profesión.
MARGA: ¿Me vas a dejar? ¿Es eso? Tenes otra mujer.
ROLANDO: La carne es triste, Ay, y todo lo he leído.
MARGA: Pero si ni hojeas el diario.
ROLANDO: Todo lo rico de la vida me pasó a un costado.
MARGA: ¿Tenes hambre?
ROLANDO: El hambre que siento no se calma con un churrasco, ¿Escuchas?
MARGA: No, ¿Qué?
ROLANDO: Es el ruido de mi estomago existencial.
MARGA: ¿Quizás te cayó algo mal? Te hago pollo hervido en dos segundos.
ROLANDO: No es suficiente, ¿No lo entendés?
MARGA: Te hago arroz también.
ROLANDO: ¡Ay mujer, no entendes nada!
MARGA: No me ataques por favor.
ROLANDO: La vida es más que comidas y comidas.
MARGA: ¿Quién te metió estas ideas extrañas Rolo? Basta.
ROLANDO: Ayer sentí que alguien golpeaba a mi puerta.
MARGA: ¿Ayer? Yo estaba y no escuché nada.
ROLANDO: Es la muerte me dije.
MARGA: No la llames por favor.
ROLANDO: Pero nunca hice nada de mi vida, pensé, tengo que explicarle eso
MARGA: Debe ser el colesterol
ROLANDO: Tengo que decirle a la muerte, en la cara, que me espere un poco.
MARGA: Yo la verdad, ya no entiendo de qué estamos hablando.
ROLANDO: De cumplir 50 años estoy hablando.
MARGA: Pero si vos tenés 62 años Rolando.
ROLANDO: No es la única cosa que me llegó tarde en la vida.
MARGA: ¿Decime cómo se llama?
ROLANDO: Soledad le dicen los poetas.
MARGA: Siempre dijiste que los poetas eran todos unos maricones.
ROLANDO:¿Y?
MARGA: A vos te pasa algo

(la mira con expresión sobrada)

ROLANDO:¿Te parece?
MARGA: ¿Es más joven que yo?
ROLANDO: La edad no es todo ¿sabes?
MARGA: Y tu crisis de los 50 qué es entonces.
ROLANDO: Lo de la crisis fue un ejemplo.
MARGA:¿De qué?
ROLANDO: De crisis. De que existen. Que las personas las tienen.
MARGA: No todos Rolando.
ROLANDO: Bueno, yo si.
MARGA: ¿Sabes cuál es tu problema?
ROLANDO: Me imagino.
MARGA: Sos liviano, te lleva la gente.
ROLANDO: Callate, haceme el favor.
MARGA: No me hables así Rolando, soy tu Esposa y no te lo permito.

(pausa)

MARGA:¿Te vas a vivir con ella?
ROLANDO: El lugar que uno ocupa no es sólo exterior.
MARGA: ¿Te vas a ir de casa?
ROLANDO: Uno, cuando está bien consigo mismo, es su propia casa.
MARGA: ¿Ahora sos un caracol?
ROLANDO: No seas burda Marga, yo hablo de cosas espirituales.

(pausa)

MARGA: ¿Y yo no soy espiritual?
ROLANDO: No quiero decirte qué sos y qué no.
MARGA: Me gustaría al menos que me lo dijeras.
ROLANDO:¿Hay tantas cosas para decir?
MARGA: Decime cómo se llama.
ROLANDO: Se llama desesperación.
MARGA: Eso no es un nombre.
ROLANDO: Así se llama mi dolor.
MARGA: Rolando, te escucho y no lo puedo creer.
ROLANDO: A mi me pasa lo mismo, por eso estoy en crisis
MARGA: ¿Pero qué quiere decir es palabra? Por Dios.
ROLANDO: Sabes que soy ateo.
MARGA: Por eso no crees en nada.
ROLANDO: Debe ser.
MARGA: Antes, al menos, creías en vos.
ROLANDO: Sos cruel cuando querés.
MARGA: ¿Y tengo que pedir disculpas?
ROLANDO: Ya sé que no podés.
MARGA: Tu opinión no me condena. Te pido disculpas.
ROLANDO: Eso no es una disculpa.
MARGA: No tengo que pedirte otra vez, ya te lo dije.
ROLANDO: No quiero discutir.
MARGA: No parece.
ROLANDO: ¿Y qué parece?
MARGA: Que hasta ahora no me dijiste cómo se llama.
ROLANDO: Claudia
MARGA: Tiene nombre de puta
ROLANDO: Pensé que ibas a decir algo así y dije uno de mentira.
MARGA:¿Cómo se llama Rolando?

(pausa)

ROLANDO: Claudia
MARGA: No te digo. Tiene nombre de puta.
ROLANDO: No hace falta Marga.
MARGA: Esta es mi casa y hablo como quiero.
ROLANDO: No grites por favor.
MARGA: ¿No querés que los vecinos escuchen?
ROLANDO: No mezclemos las cosas por favor, no seas vulgar

(ella le pega una cacheta)

MARGA: No seas hipócrita.

(el agarra el saco y un portafolio gastado)

ROLANDO: Me voy marga, te llamo.
MARGA: ¿Te vas a lo de Claudia?

ROLANDO: Voy a dar una vuelta.
MARGA: Cobarde ¿Qué clase de hombre sos?
ROLANDO: Basta Marga. Estamos grandes para esto.
MARGA: Entonces no te vayas. Hablemos.
ROLANDO: Me acabas de pegar una cachetada Marga. Me voy para no devolvértela.

(arrepentida)

MARGA: Disculpame.

(el llanto no la deja terminar la palabra)

ROLANDO: No sé si queda algo para hablar Marga.
MARGA: ¿Estas enamorado?
ROLANDO: Marga…
MARGA: Contestame. Tengo intereses en el asunto.
ROLANDO: No hables así.
MARGA: Me estás poniendo los cuernos, no me digas como hablar, ¿Estás enamorado?
ROLANDO: Hace poco que la conozco.
MARGA: ¿Entonces?
ROLANDO: Necesito esto.
MARGA: ¿ Y te vas con ella? Hijo de puta, te dí dos hijos.
ROLANDO: Yo también te los di a vos
MARGA: Andate.
ROLANDO: Marga.
MARGA: Callate y andate. ¡Andate!
ROLANDO: No te quiero lastimar.
MARGA: Andate por favor.

(se seca las lágrimas)

MARGA: Andate Rolando por favor, hablemos más tarde.
ROLANDO: …
MARGA: …
ROLANDO: Bueno Marga, después hablamos, chau.
MARGA: …
ROLANDO: Saludame al menos.
MARGA: …
ROLANDO: Por favor
MARGA: …
ROLANDO: Bueno, chau.

(él, afuera, siente que algo dentro de él se está muriendo. Ella, camina hacia la cocina, abre la heladera, saca una jarra de vidrio llena de agua. La piel de sus manos es escamada, con pequeños brillos plateados de pez y las venas que sobresalen. en el pánico ella ve todo lo que va a pasar, sus piernas se aflojan, cae la jarra y el agua le moja los pies. Ella grita de dolor y con las manos agarradas a la mesa llora con furia)

lunes, 15 de marzo de 2010

El amor es puro teatro

(Ella salta del sillón cuando él entra. Sus pestañas se ven más negras porque estuvo llorando y así, aunque ella no lo vea, sus ojos sos más hermosos)

ELLA: Si Bernie Mac se me murió no sé que voy a hacer
EL: Quien?
ELLA: El cómico norteamericano, el negro.
EL: Cuál?
ELLA: No sé, uno gracioso.
EL: No sé si te entiendo.
ELLA: Estaba mirando una película de Bernie Mac y Samuel Jackson sobre la vida de dos cantantes de Soul que se juntan después de 30 años
EL: Volviste a fumar de mañana Andy?
ELLA: Que tiene que ver? Johnny
EL: Nada bonitoni.
ELLA: Que Bernie Mac, bah, que los dos, Bernie y Samuel Jackson.
EL: Cual es Samuel Jackson?
ELLA: El de tiempos violentos.
EL: No la vi.
ELLA: Si, pull fiction.
EL: Cuál?
ELLA: Es aburrido hablar con vos.
EL: Pero si estas diciendo cualquiera.

(él deja su bolso en la mesada)

EL: ¿dónde está el faso?

(ella haciendo un movimiento alegre de brazos)

ELLA: Armo uno ¿queres?, fumé una tuca.
EL: Dale, ¿queres desayunar?

(moviendo las manos, ágil y frágil)

ELLA: ¿Queres hacer panqueques?
EL: no ni a palos nena, vengo muerto del trabajo

(ella poniéndose dos grados Maruja retuerce las manos como si hiciera un hechizo, tuerce su cuerpo delgado y levanta un pie como una actor de la comedia del arte)

ELLA: ¿queres que los haga yo?
EL: dale

(ella corta con la exagerada seducción, relaja el cuerpo y camina arrastrando los pies hasta la cocina)

ELLA: hola
EL: hola

(se besan un momento, todo bien, nos vemos todos los días, te quiero, te banco, está todo bien, somos diferentes pero tratamos de entendernos)

ELLA: ¿cansado?
EL: Más o menos
ELLA: ¿mucha gente?
EL: Si, paró una delegación de austriacos, venían a una convención de no sé qué porque los ignoré todo lo que pude, perdieron el avión o les robaron las valijas o la plata, no entendí, parece que pasaron dos días en un aeropuerto porque, no sé en realidad si fue así, la cuestión, no sé, un bardo.

ELLA: che ¿hay harina?
EL: abajo a la izquierda, creo.

(prende el porro)

ELLA: yo te estaba diciendo de Bernie Mac.
EL: si, cual es? Decime alguna peli.
ELLA: no sé, es cómico, no sé la verdad, no importa eso, el tema es que se murió.
EL: ah, no entiendo.
ELLA: al final Bernie Mac habla y parece el hombre más honesto del mundo.
EL: Perdoname Andy pero no te sigo.
ELLA: estoy pensando en algo, creo que me enamoré de alguien y ahora está muerto.
EL: lo decís en serio?
ELLA: si.
EL: me parece muy lindo.
ELLA: Se murió, Johnny, Bernie Mac se murió.
EL: no se si es gracioso Andy.
ELLA: no lo digo en chiste Johnny.

(los dos usan un tono especial cuando dicen esos nombres, y es cierto, puede parecer exagerado pero ellos dos no abusan del recurso, sólo lo usan cuando les cuesta tolerarse)

EL: ¿y que te hizo enamorar?
ELLA: tenes que verla Johnny, es muy graciosa pero no es sólo eso, es musical, ellos son cantantes de Soul, eran el coro de otro cantante que después se convirtió en una súper estrella, ahora uno tiene lavaderos de autos y hace comerciales en la tele y el otro es expresidiario
EL: sos malísima para contar una película Andy
ELLA: es porque no me dejas avanzar Johnny

(él pasa el porro y le da un beso)

EL: dale, te escucho mientras me siento acá y no hago nada de nada.
ELLA: vos si que tenes suerte.
EL: eso decía mi madre y así me fue.
ELLA: nenito de mamá.
EL: sé que lo dices de envidia Andy.
ELLA: mi madre lo hacía para darnos de comer.
EL: no pongas excusas Andy.

(ella se desconcentra)

ELLA: cocinemos.
EL: por favor y miramos la peli!!!

(dice gruñendo como una nena enojada y haciendo puchero)

ELLA: Yo ya la vi.

(haciendo una mueca con la cara)

EL: Dale!
ELLA: Bueno pero vos tenes que hacer los panqueques.
EL: Quiero ver la película ahora.
ELLA: Dale, en dos horas me voy a trabajar, me lo merezco por esperarte despierta.
EL: Estuve trabajando toda la noche.
ELLA: Dale.

(ella recurriendo a una hermosa bajeza se retuerce un poco la remera dejando ver una parte de su pancita)

EL: yo no voy a hacer.
ELLA: bueno entonces hacemos tostadas que es más fácil y listo.
EL: sos una fayuta al final Esther.

(el cambia de repente su actitud, le habla en otro tono, otra disponibilidad anímica, de ahí no más lo mismo, ahora otra cosa, como un matón empresarial, un hijo seguro con auto de papá. Ella le responde como una mujer realmente oprimida, a todo dice que si, a nada dice que no, para poder construir la tremenda armonía)

ELLA: sabés que no lo hago apropósito Hugo, me enseñaron así.
EL: tu madre una perra y tu padre un alcohólico.
ELLA: no hables de mi padre Hugo, el tuyo nunca fue un padre.
EL: todo por unos panqueques, escuchate, por no hacer unos miseros panqueques.
ELLA: no es por eso Hugo, nunca te lo dije pero hay una razón.
EL: tus razones no son más que excusas, débiles artificios.
ELLA: cuando era chica Hugo, mi Padre, Hugo, mi Padre.
EL: qué Esther, habla, dilo por favor

(ella se tapa la cara con la mano, el parece oprimido por las palabras que no se dicen, un yunque pesa sobre sus hombros que se achican, que bajan, que muestran la flacidez de los hombres, de las clavículas que se rompen)

EL: Esther

(le toma las manos)

EL: no hace falta que hagas panqueques, Esther, mírame a los ojos
ELLA: Si Hugo, tengo que hacerlo, yo, yo te lo prometí
EL: No Esther, vos estás cansada, yo sé que no dormís bien cuando no estoy a tu lado, hace tostadas que yo voy poniendo la peli.

(entonces se besan, primero se acarician la boca con la punta de sus lenguas, los labios se rozan, se van reconociendo de apoco, ella se apoya contra él, deja caer el peso de su cuerpo, el se relaja mientras la abraza, descanzan un rato cada uno sobre el otro)

EL: Hola.
ELLA: Hola.

(Ella empieza a hacer tostadas, el pone la película)

Putita

LA AMIGA: ¿Pero se la chupaste?
ELLA: Fue más que eso, me cogió la boca.
LA AMIGA: Jaja, sos putita.
ELLA: Con él, la más.
LA AMIGA: Contame.
ELLA: Me acostó en la cama y empezó a tocarme por encima de la bombacha. Le dije que estaba menstruando mucho y que no quería coger así
LA AMIGA: ¿No te gusta cuando estas menstruando?
ELLA: Si, me siento mucho más caliente pero ya habíamos estado a la tarde y habíamos manchado toda la sábana.
LA AMIGA: Entonces se la chupaste.
ELLA: Primero me pajeo hasta que acabé. Yo estaba acostada y el de rodillas sobre la cama y me puso la pija en boca. Yo pensaba, dame tu pija. Mientras me masturbaba tocándome apenas el clítoris me pidió que sacara mi mano y abriera la boca, mientras, no me dejaba de tocar y yo estaba prendida fuego.
LA AMIGA: Sos la más puta.
ELLA: Y no sabes cómo me gusta. Me dijo, abrí la boca, pero todo dulce, y me fue dando su pija de a poquito. Casi se la muerdo. Estaba tan ansiosa y él sólo me metía la cabeza. Todo de a poco, suave, acariciándome la boca por dentro, y cada vez me la metía más, un poquito más y con la mano me masturbaba. Así hasta que acabé.
Después yo le agarre la pija pero él quería seguir teniendo el control, así que deje mi mano pegada a mis labios y le apretaba bien la pija que estaba durísima. La cabeza me estallaba cada vez que me la tragaba toda, aparte me encanta su cuerpo, y así, desde donde estaba, lo veía a él, sus abdominales, es tan hermoso
LA AMIGA: Yo lo conozco, sabes?
ELLA: Es hermoso, no sabes como me coje. Me cogió como si yo estuviera en cuatro, pero con una dulzura, en la boca. La segunda vez acabé sin que me tocara, sólo de sentirlo cogerme la boca de ese modo, salvaje pero dulce, todo placer y de fondo sonaba un tema de The Verbe, soy la más puta lo sé, atragantándome de pija hasta morir, pero como me gusta, él, no cualquiera, su pija, hermosa.
LA AMIGA: Basta nena, me estás calentando al pedo.

Relajate

ELLA: Relajate.
EL: Estoy relajado.
ELLA: Pero no dejas de moverte.
EL: Es que estoy incómodo.
ELLA: Dale, relajate un poco.
EL: Estoy re relajado.
ELLA: Quedate 30 segundos quieto y no te muevas.

(15 segundos después)

EL: Algo se me clavó en la espala, creo que a tu somier se le rompió un resorte
ELLA: Ves que no te relajas.
EL: Estoy relajado.
ELLA: Dale, Relajate, son sólo 30 segundos.
EL: Estoy bien.
ELLA: Relajate.
EL: ¿En serio vos te pensas que si me decis que me relaje me voy a relajar?

(Ella se ríe y se relajan un poco los dos)